• Rabino Skorka

9 de Av – Destrucción y resurgimiento



La destrucción del primer templo de Jerusalem, al igual que el segundo, acaeció el mismo día, el noveno del mes de Av (Mishna Taanit 4:6). Después de la primera destrucción este día fue declarado de ayuno y luto, y aún cuando el templo fue reconstruido, el profeta Zacarías enseñó que el ayuno debe mantenerse hasta alcanzar una realidad de paz completa en la cual los ayunos serán trocados en días festivos (7:5-14; 8:18-19).


Fue el desconsuelo, el no aceptar que la historia de Israel ha culminado a través de una destrucción, aquello que mantuvo al pueblo y explica la singularidad de su milenaria existencia.


En 1968, luego de una visita a Israel, invitado por la Academia de Ciencias y Humanidades de Israel, el gran pensador español Julián Marías compuso un pequeño ensayo que denominó: Israel, una resurrección. Comienza el mismo diciendo:


“Yo creo que la fuerza del pueblo judío radica en su capacidad de desconsuelo. El no haberse consolado nunca de la dispersión y la destrucción del Templo, de la pérdida de Jerusalem, ha conservado su identidad, le ha permitido seguir siendo, durante casi dos milenios, el mismo; ha hecho que sea, siglo tras siglo, no sólo una fe, sino algo muy distinto: un pueblo”


Con su sagaz mirada analítica, Marías reveló magistralmente la esencia del compromiso judío que le permitió subsistir manteniendo una identidad que supo sustentarse en los mismos valores y recrearse de generación en generación.

La tozudez con que la Biblia caracteriza al pueblo de Israel (Éxodo 32:9; 33:3; etc.) hizo que en los momentos más dramáticos de su historia decida no claudicar y seguir siendo un pueblo con un mensaje a compartir con la humanidad toda.



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