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  • Rabino Skorka

Ekev – El libre albedrío

Actualizado: 5 de sep de 2019



En esta parasha se encuentra uno de los versículos (10:12) que, al igual que 6:4-9 del texto del Deuteronomio que fueron analizados la semana pasada, expresa elementos fundamentales de la fe de Israel. El mismo dice: “Ahora, pues, Israel ¿qué es lo que el Señor tu Dios, demanda de ti? Sólo temer al Señor tu Dios, encaminarte por todas Sus Sendas, y amarlo, y servir al Señor tu Dios con todo tu corazón y con todo tu ser”

El verbo temer suele traducirse como reverenciar, respetar, ya que el versículo también menciona que Dios debe ser amado y no se ama a quien se teme, sino a quien se respeta por sus cualidades.


De este versículo dedujo uno de los sabios del Talmud que el hombre es poseedor de libre albedrío. De tal modo leemos en Nida 16, b:


Explicó el Rabí Janina ben Papa: el ángel encargado del embarazo, Laila es su nombre, toma el cigoto formado y lo coloca delante de Dios, y dice: Señor del Universo ¿cuál es el destino de esta gota?, ¿ser alguien fuerte o débil, sabio o necio, rico o pobre? Pero si será justo o malvado no pregunta, ya que como explicó el Rabí Janina: Todo se halla en manos celestiales (está determinado por Dios) menos el respeto a Dios como está dicho: ““Ahora, pues, Israel . . .”

El nacer con habilidades especiales, agraciado corporalmente, en un hogar con muchas posibilidades materiales o en otro en el que se sufre el hambre, se halla en gran medida determinado por factores genéticos y circunstanciales; pero está en las manos de cada uno obrar con justicia, amor y equidad o con malicia.


La frase del Rabí Akiva (Avot 3:15): “Todo está previsto mas el hombre posee el libre albedrío”, conllevó a Maimónides a formularse la pregunta: ¿cómo es que Dios que es omnisciente desconoce la senda que ha de elegir cada individuo? y si la conoce ¿cómo es que el ser humano posee libre albedrío? Su respuesta es que el conocimiento de Dios es inescrutable para los humanos. Pero el sabio concluye diciendo que sin la creencia de la posesión humana de la posibilidad de elegir entre lo bueno y lo malo, toda la concepción bíblica del hombre carece de sustento (Yad, Hiljot Teshuva, cap. 5; octavo capítulo de la introducción al tratado de Avot , “Shemona Perakim”).


El hombre es siempre responsable de sus actos, más allá de la situación en la que se encuentre (Mishna Baba Kama 2:6), pues posee la capacidad de elegir entre el bien y el mal, así lo expresó Moisés en una de las últimas lecciones que le dio al pueblo de Israel (Deuteronomio 30:19). Este concepto define la visión bíblica del hombre, de la que deberá rendir cuentas en el mudo venidero si bregó mantenerla en su existencia.


¡Shabat Shalom!


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