• Rabino Skorka

Nasó – La bendición sacerdotal



En esta parasha aparece la fórmula mediante la cual los sacerdotes debían invocar a Dios una bendición sobre el pueblo de Israel. La bendición sacerdotal es una súplica a Dios para que cuide y guarde a todos los miembros del pueblo, que torne Su rostro sobre cada uno con piedad y gracia, y le otorgue la paz (Números 6:22-27).


La visión bíblica entiende que todo aquello que acaece en la existencia es consecuencia de la acción de Dios en función al quehacer del hombre. Aquel que hace lo bueno tendrá lo bueno del Creador y el que destruye tendrá destrucción. Por lo cual, la bendición es un clamor a Dios a fin que resguarde el fruto de los esfuerzos de todos aquellos que bregan por realizar algo constructivo en sus vidas, que los que buscan Su presencia hallen una respuesta y que la paz, el último vocablo con el que culmina la oración, alcance a todos. La bendición invoca a Dios, y al mismo tiempo llama a la conciencia del bendecido. Es el clamor y la plegaria que eleva el salmista (67) inspirándose en el mensaje de la misma.


El uso de esta oración en los tiempos del primer Templo se halla testimoniado en las dos pequeñas placas de plata en las que se halla grabada la bendición descubiertas por el arqueólogo Gabriel Barkay en el valle de Hinom en Jerusalem. En el Manual de Disciplina (Serej HaYajad) de la secta del Mar Muerto (siglo I E.C.) descubierto en Qumran (2.2-4-DSSE 73) se describe que cuando eran recibidos los nuevos miembros de la congregación eran bendecidos por los sacerdotes con una bendición que es una modificación exegética de la que aparece en la parasha.


Por miles de años tanto en las oraciones diarias como en las bendiciones de padres a hijos se repitieron estas palabras. Los descendientes de sacerdotes la invocan a Dios sobre los miembros de sus comunidades en distintos momentos, según las múltiples costumbres de cada congregación, precedida por una bendición que finaliza diciendo: “nos has prescripto bendecir al pueblo de Israel con amor”.


Amor y paz, son centrales en el recitado de esta bendición, sin ellos la existencia se torna en una vacua y torturante realidad.


¡Shabat Shalom!

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