• Rabino Skorka

Noaj


El relato del Génesis sugiere que el plan de Dios para con el ser humano, dotado de libre albedrío, pretendía abarcar a todos los pueblos y familias. Todo parece armonioso en el Edén, organizado para la primera pareja y su simiente. Pero desde los inicios de la Historia el ser humano se rebeló a Dios. La arrogancia, los celos y la frustración conllevaron a la pérdida de la armonía necesaria para vivir en el Edén y al primer fratricidio. Desde entonces la humanidad busca su rumbo entre pasiones encontradas.


En la décima generación a partir de Adam el grado de corrupción humana alcanzó dimensiones horrorosas. Dios se arrepintió, por así decirlo, de toda su Creación, al observar la miseria engendrada por la humanidad y evaluó eliminarla. Pero la presencia de un sólo hombre correcto, Noaj, le hace desistir de esa idea, rescatando todo lo creado a través de él.


Dios pacta con Noaj antes del destructivo diluvio que envía (6:18) y vuelve a pactar con él posteriormente al mismo (9:11-17). En el primer pacto le asegura su subsistencia, en el segundo –que es reflejado en el arco iris- le afirma que no volverá a enviar en el futuro una calamidad que destruya a toda la existencia. Que viva con plenitud, sin el temor de los horrores que presenció y vivenció en el pasado. Pero hay una advertencia implícita en este pacto: si el mundo es destruido será por obra de los hombres.


El mensaje inmediato del relato entendido en su simpleza literal es que Dios ha creado todo para hallarse junto al ser humano, esperando del mismo que obre con justicia, bondad, misericordia y equidad, que cuide Su obra y busque Su presencia en la vida.


Al finalizar esta historia comienza el relato de un nuevo pacto entre Dios y otro individuo excepcional: Abraham. Éste pacto es mucho más demandante que el anterior, compromete a Abraham y a su simiente a ser testigos de Dios en la tierra, como lo expresa Isaías (43: 12): “vosotros sois mis testigos, dice el Señor, y Yo soy Dios”. Dicho versículo fue interpretado por el Rabi Shimon bar Yojai diciendo: “Si vosotros sois Mis testigos, dice el Señor, Yo soy Dios; y si no sois mis testigos, es cual si no fuese Dios” (Pesikta de-Rav Kahana (Bernard Mandelbaum), Piska 12, BaHodesh HaShlishi, Dibbur HaMathil: (6) Anokhi Higadeti; Yalkut Shim´oni Torah, Parashat Ytro, Remez 271, Dibbur HaMathil: Tania Ein Mevatlin; Yalkut Shim´oni Yesha´yahu, Remez 455, Dibbur HaMathil: Anokhi Higadeti VeHosh´ati)


Una existencia en la que se busca a Dios es, el decir de Amós (5:4), plena de vida; sin Su presencia la existencia misma carece de sentido. Pero es el Creador mismo el que busca al hombre para pactar, para generar un vínculo estrecho y profundo, con el mismo.

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