• Rabino Skorka

Bemidbar- El desierto y su mensaje



La tradición nos enseña que en el Shabat anterior a la festividad de Shavuot corresponde leer la primer parasha del cuarto libro del Pentateuco (Shuljan Aruj, Oraj Jaim 428:4). Si bien hay años excepcionales en los que se lee la parasha siguiente –Naso-, generalmente es Bemidbar la que precede a Shavuot (Beur Halaja ad locum).


La tradición que menciona el Talmud (Meguila 31,b) es la de leer Bejukotai, la última parasha de Levítico, porque en ella se mencionan las maldiciones y castigos que sufrirá el pueblo por no respetar las leyes del descanso de la tierra durante el séptimo año (Shemita) y en el Jubileo, que es el siguiente a la séptima Shemita, con la cual culmina el ciclo.


En el Medioevo se sugirió (Hagahot Maimoniot sobre Hiljot Tefila13:2) que el cambio se debió a que antes de Shavuot, festividad de la cosecha y de las primicias, cuando Dios juzga y determina la bondad y abundancia de los frutos que brindan los árboles, no deben mencionarse palabras de maldición.


Otra posibilidad para explicar el cambio, es que luego de la destrucción del Templo de Jerusalem, los festejos por traer las primicias y celebrar el comienzo de la cosecha del trigo en el mismo, se redujeron significativamente, por lo que Shavuot comenzó a tener como eje principal de celebración la rememoración de la entrega de la Tora..


La Tora le fue entregada al pueblo de Israel en el desierto de Sinaí, y esta parasha relata los detalles organizativos de cómo acampaban y cómo se desplazaban en aquella tierra inhóspita.


El desierto, tierra yerma e inhabitable, es el lugar donde Moisés vio la zarza ardiente. Es el sitio alejado de la cacofonía de las vanidades humanas que suelen aturdir la sensibilidad en el mismo. Es el lugar en el que el profeta Elías escuchó la voz de Dios cual tenue susurro que rasga el silencio (1 Reyes 19:12)


¡Shabat Shalom!

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