• Rabino Skorka

El mensaje de libertad de Pesaj y Pascua

Actualizado: may 16



La gran lección del relato bíblico de la liberación y éxodo del pueblo de Israel de Egipto, se halla centrado en el concepto de libertad. Hay un versículo bíblico que define con claridad al mismo. Al final de sus días, Moisés convoca a la joven generación para pactar con Dios, tal como lo hicieron sus patriarcas y ancestros. Los que se hallaban presentes eran los que iban a conquistar a Canaán, establecerse en ella y fundar un estado en el que debían aplicarse las normas y leyes que habían recibido en el desierto. Era una generación de gente que había nacido en libertad y que, a diferencia de sus padres no poseía los vicios que éstos habían adquirido en su condición de esclavos. Moisés advirtió al pueblo acerca del cumplimiento de los preceptos que Dios les había ordenado, y exclama una frase muy significativa: en éste día se han convertido en un pueblo para el Señor tu Dios (Deuteronomio 27:9). La libertad no es meramente dejar la condición de esclavo, esto es necesario pero no suficiente para alcanzar la dimensión con la cual se dignifica la existencia, debe haber un compromiso con valores que transforman a quien dejó de ser esclavo de otro, para no convertirse en esclavo de sus pasiones y de su egoísmo.


Se sirve a Dios mediante el cuidado de Su obra, y el respeto y afecto a los demás seres humanos con quienes se comparte la existencia. No sirviendo deidades que son las proyecciones de las pulsiones humanas, ni auto-consagrándose en deidad como eran considerados el Faraón y los emperadores romanos que fueron imitados por los déspotas de todos los tiempos hasta el presente. Éste es el desafío propuesto por Dios a aquellos que liberó del yugo egipcio.


El capítulo 25 del Levítico presenta, entre otras, las leyes de distribución de la riqueza en el antiguo Israel. La tierra debía dividirse entre las familias, era un bien inajenable, pasaba de padres a hijos. Cuando aún así, alguien caía en la pobreza y debía servir a otro para lograr el sustento, sus parientes y amigos debían rescatarlo de tal situación. El criterio de formación de estas leyes se halla en el último versículo del capítulo, donde dice: “Porque los Hijos de Israel son para Mí siervos, Mis siervos que los he sacado de Egipto, Yo soy el Señor vuestro Dios.


Cuando Moisés retornó después de haber recibido los mandamientos en el Monte Sinaí, el pueblo con mentalidad esclavizada había construido un becerro de oro para adorarlo. Habían pasado apenas cuarenta días de aquél en el que Dios se les había revelado en el monte Sinaí, en el que hubo manifestaciones magnificentes de la naturaleza y un sonido fuerte de shofar tronaba anunciando la presencia majestuosa del Creador, mientras revelaba los mandamientos con los que el pueblo debía comprometerse. Esta historia nos demuestra la fragilidad de la mente y el espíritu del individuo. Lo que fue relevante y trascendente en un momento rápidamente puede esfumarse. Muchos fueron los procesos de liberación en la historia humana, en muchas ocasiones la libertad fue proclamada para todos los individuos y sin embargo la esclavitud, en múltiples versiones, sigue lacerando a la humanidad.


El profeta Elías, que vivió durante el reinado de Ajab rey de Israel (siglo VIII AEC), exclamó la siguiente dramática pregunta al pueblo reunido en derredor de él en el Monte Carmelo (1 Reyes 18: 21): “¿Hasta cuándo vacilaréis entre estos dos pensamientos? Si estáis con el Señor, Dios, ved detrás de Él, si estáis con los ídolos, ved detrás de ellos” Esta pregunta describe el credo y la conducta pendular de los seres humanos. Hay momentos en los que los estandartes de la libertad, igualdad y fraternidad son elevados, y otros en los que son pisoteados de la manera más infame. La misma Europa que los enarboló en el siglo XVIII en los tiempos del Iluminismo, los ignoró y trató de borrar en el siglo XX. Por ello la insistencia bíblica de recordar todos los días de la vida el relato de la salida de Egipto (Deuteronomio 16:3).


El poeta argentino Arturo Capdevila incluyó en su libro Dios otra vez, de 1965, la poesía “Canto al sitial de Elías”, en la que describe su participación en una sombría cena pascual en el hogar de un amigo judío, cuando en Europa arreciaba la Shoá. “¡Caducó el mundo que en el Bien creía, / y de Amor y Justicia tuvo sed! / Secretos del Abismo . . . Sión no vale. / Y tampoco Belén.”

Al final pone el poeta en boca del profeta Elías estas palabras: “¡Tendrá su fiesta la esperanza fiel! / Ya falta poco. Llegará mi pascua: / mi clara pascua de Jerusalén / El viento pasará cantando amores / sobre las aguas de Genesaret. / Toda la Tierra Santa en esos días / será como un vergel”.


La esperanza que eleva el poeta afirma que el tres veces milenario mensaje judío de Pesaj y el bi-milenario mensaje cristiano de Pascuas no han de caducar, pese a los horrores y desidias que acaecen constantemente. Es la misma esperanza y compromiso que judíos y cristianos asumen año tras año en este tiempo de celebración. ¡Que todos elijamos el camino que Dios desea y que Él bendiga prontamente nuestras esperanzas compartidas, en nuestros días!


Jag Sameaj!