• Rabino Skorka

Janucá


El libro 2 Macabeos es una de las fuentes más importantes para entender el sentido de la festividad de Janucá (inauguración, en hebreo) y sus rituales. En su capítulo 10 se nos relata que una vez purificado el Templo de Jerusalem de los elementos paganos que se había colocado en él por orden del rey Antíoco Epifanes, se lo reinauguró el 25 de Kislev, del mismo modo en que lo había hecho Salomón en ocasión del primer Templo.


De acuerdo al relato de 1 Reyes 8 el primer Templo fue inaugurado mediante una festividad especial que se extendió por los ocho días de Sukot y Shemini Atzeret, más los siete días anteriores a la festividad. En esta oportunidad la festividad se extendió por ocho días, a partir del 25 de Kislev, teniendo el pueblo en sus manos las cuatro especies vegetales que la Tora prescribe para el festejo de Sukot. Fue instaurado entonces el festejo de Janucá por ocho días, recitando en ellos el Halel completo al igual que en Sukot y encendiendo luminarias al anochecer, agregando una en cada día.


Sukot nos recuerda la fe de los Benei Israel al adentrarse en el desierto, tierra inhóspita e inhabitable, luego de haber sido liberados por Dios de la esclavitud egipcia. Janucá nos recuerda el valor de aquellos que lucharon con valentía contra los que quisieron borrar el credo en el Dios que desdeña y aborrece a los tiranos esclavizadores.


Hace más de veintiún siglos que los judíos encendemos estas luminarias, en sótanos durante la persecuciones inquisitoriales, en campos de concentración o en los campos de batalla en Israel. Su resplandor nos convoca a renovar el compromiso de lucha por un mundo mejor y mantener incólume la esperanza de que tal realidad no sea una utopía sino una posibilidad asequible si se deja de lado los egoísmos, egocentrismos, y se permite que la justicia y la paz florezcan.


¡Feliz Janucá!

Este sitio utiliza cookies    |    Privacy Policy    |    © 2018. Todos los derechos reservados   |   Diseño Lucky Sparky

En  |  Es