• Rabino Skorka

Ki Tezte – La pareja y el divorcio en el Judaísmo



Esta parasha se caracteriza por hallarse conformada exclusivamente por leyes en general y de derecho de familia en especial, entre las que se especifica el procedimiento del acto de divorcio de la pareja y las causales que pueden conllevar a tal situación.


Del relato del Génesis resulta que el estado ideal del ser humano es hallándose en pareja, pues Dios crea un hombre y una mujer para que lo acompañe en el derrotero de la existencia. Del versículo 5:2 del Génesis, que dice: “Masculino y femenino los creó; y los bendijo, y llamó su nombre Adam”, dedujo el Rabi Elazar: “todo hombre que no se halla con una mujer no puede denominarse Adam, ser humano” (Yevamot 63,a). Si bien la poligamia es aceptada en la Biblia, y en cierto caso hasta resultaba obligatoria (Deuteronomio 25:5-7), al poseer el hombre varias mujeres, éstas son denominadas tzarot, del vocablo tzara, angustia, pues se mortifican entre ellas (I Samuel 1:6). Éste vocablo revela la difícil situación familiar que se crea en tal caso.

El amor que desarrollan un hombre y su mujer desde los años de su juventud y con ansias de eternidad, es visto por los profetas como paradigma del amor sublime que debe existir entre Dios y el pueblo de Israel (Jeremías 2:1-2; 31:2; Hoshea 1;2).


La posibilidad del fracaso matrimonial es contemplada en esta parasha. El divorcio se formaliza mediante la entrega por parte del marido a su mujer de un “libro de corte” y las causales explicitadas (Deuteronomio 24:1-2) fueron materia de discusión entre los sabios del Talmud (Guittin 90,a). Hay quienes sostienen que sólo causales muy graves debieran conllevar al divorcio, otros son menos restrictivos.

Cabe mencionar que la historia judía registra el desarrollo del contrato matrimonial y los procedimientos del divorcio con el propósito de defender los derechos de la mujer ante situaciones abusivas y separaciones conflictivas (Toldot Ha-Ketuba Be-Israel, L. M. Epstein, The American Academy for Jewish Research, p. 124). La realidad actual requiere que se introduzcan más cambios al respecto.

El tratado de los divorcios del Talmud (Guitin) concluye con una frase muy elocuente y un mensaje muy significativo: “Todo aquel que se divorcia de su primera mujer, aún el altar (del Templo de Jerusalem) derrama lágrimas por él” (90,b).


¡Shabat Shalom!


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