• Rabino Skorka

Lej Leja- Vete de tu tierra

La historia de Abraham, el primer Patriarca



En esta parashah comienza la Torah a relatarnos la historia del primero de los patriarcas, Abraham. Hay algunas preguntas que emergen del relato que han sido abordadas por los exégetas desde antaño. ¿Cómo es que Abraham descubrió al Dios trascendente para entablar una relación con Él? La Biblia comienza este relato con el imperativo de Dios a Abraham que abandone su tierra, su familia, y se encamine hacia el lugar que ha de revelarle. ¿Por qué habló Dios con Abraham? ¿Cómo reconoció el patriarca Su voz? ¿Qué pasó antes de ese imperativo y que el texto no nos lo revela?


Una de las propuestas más significativas para responder a estas preguntas la ofrece Maimónides en Mishneh Torah, en las Leyes concernientes a los cultos paganos, capítulo 1, en donde explica acerca de los errores en el pensamiento que conllevaron al paganismo. Y cómo mediante una visión profunda en la armonía de la naturaleza, Abraham redescubrió al Dios trascendente, ya conocido por individuos de generaciones anteriores a él. Maimónides, a su vez, compuso este texto mediante la reelaboración de las leyendas creadas por los sabios del Midrash para completar el vacío en el relato bíblico (Bereshit Raba, Noaj, capítulo 38).


Sin embargo, la Biblia misma da versiones distintas acerca de cómo surgió la relación entre Dios y Abraham. Josué (24:1-3) relata que Dios tomó a Abraham de allende el río y lo encaminó a Cannan. Igualmente Nehemías (9:7) refiere a una elección por parte de Dios. Isaías (41:8) define a Abraham como el que amó a Dios.


Seguramente, todas las explicaciones se complementan entre sí. Abraham habrá ahondado en su contemplación de la naturaleza y de la existencia, hallando en ella un mensaje que le permitió percibir el llamado y el mandato de Dios.


Abraham pactó con Dios (17:7) para sí y su simiente, comprometiéndola a actuar de la misma forma dialogal, en la cual hay una elección mutua de amor y entendimiento. En diferentes oraciones se alude a este pacto diciendo que Dios nos ha elegido, pero siempre debe entenderse como una elección en la cual cada parte elige a la otra.


En muchas oportunidades en el pasado lejano como en el cercano, uno de los argumentos de odio contra los judíos fue el mencionar que son “un pueblo elegido por Dios” en desmedro de otros pueblos, que los judíos piensan que son mejores que cualquier otro. Su ignorancia no les permitió ver que dicha elección conlleva a responsabilidades y no a prerrogativas, como lo expresan los versículos del profeta Amós (3:2): “Sólo a vosotros he escogido entre todas las familias de la Tierra, por eso tendré presente todas vuestras iniquidades” y en Amós 9:7, dice: ¿No sois vosotros, acaso, para mí como hijos de Etiopía, oh hijos de Israel? —dice el Señor. ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto y a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir?


El llamado a Abraham por parte del Creador se extiende a todos los judíos del presente así como a los del futuro que son convocados a recrear el pacto de responsabilidad con Dios.


Shabat Shalom!


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