• Rabino Skorka

Rosh Hashana 5781



Este será un Rosh Hashana diferente para el pueblo judío. En tiempos pasados, ya ocurrió, que parte del pueblo celebraba normalmente esta festividad mientras que otra lo hacía en condiciones difíciles, a veces aberrantes. Durante las guerras mundiales, o en lugares en los que acaecían catástrofes, las circunstancias creaban situaciones dramáticas en medio de las cuales los sufrientes judíos elevaban sus plegarias. Pero en esta oportunidad todo el pueblo, tanto en Israel como en la diáspora, no podrá reunirse plenamente en comunidad, tal como es tradición y lo requiere el sentido de la celebración. El COVID-19 nos unificó en el dolor y la desesperación.


La pandemia que afecta actualmente a la Humanidad toda demanda distanciarse físicamente del otro, lo cual, a su vez, conlleva a acercarse mentalmente más al otro, sentirlo, verlo desde cierta lejanía.


Rosh Hashana es el tiempo del análisis de nuestro ser (Jeshbon HaNefesh) y gran parte del mismo debe dedicarse a la relación con el prójimo. El distanciamiento forzado que nos compele a una actitud introspectiva para hallar a nuestro prójimo en nuestos sentimientos inducirá a una revisión de nuestro comportamiento para con él. La incentivación de tal actitud por el distanciamiento social debido a la presencia dolorosa de la pandemia, revela que aún en las situaciones más negativas siempre es dado hallar un lado positivo a las cosas, aún las más negativas.


La tefilot no las viviremos plenamente en comunidad, de alguna u otra forma nos hallaremos separados, las circunstancias nos obligarán a pasar más tiempo con nosotros mismos. Al mirarnos con más detenimiento nos acercaremos a la imagen que posee Dios de nosotros al juzgarnos.


Las oraciones que recitamos son en plural. El individuo concatena su ser particular con el de todos aquellos con los que conforma su comunidad. Esta vez será distinto, deberemos crear nuevas formas de relacionarnos a fin de sentir nuestros rezos en plural sin poder reunirnos en nuestros templos. El ´nosotros´ se encontrará más en la mente que en la realidad física.

El desafío es grande. Debemos dejar de lado las nostalgias y superar la aflicción por no poder acceder a todo lo bello que tuvimos año tras año en Rosh Hashana, pero no podemos quedarnos paralizados ni inermes frente al dolor. El fulgor de los Iamim Noraim vibra en nuestro ser y no puede apagarse ni transformarse en una pequeña y titilante lucecita. Con esfuerzo, mucho esfuerzo, el fulgor espiritual iluminará variantes celebratorias, aún ante todas las dificultades, el regocijo por el inicio de un nuevo año volverá a nuestros hogares y colmará nuestro ser.


Que sea el nuevo año un tiempo de paz, salud, armonía y espiritualidad,


Ketiva vaJatima Tova,


Abraham Skorka


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