• Rabino Skorka

Shavuot


Este Shavuot será recordado por todos los judíos de aquí en más como aquél en el que el Estado de Israel tuvo que enfrentar un artero ataque de la organización terrorista Hamas, organizando una operación militar que denominó Shomrei Hachomot, los guardias de las murallas (de la ciudad santa), en contraposición a la operación terrorista denominada:

M´arkat Saif Al-Kuds, la lucha de la espada de la ciudad santa. La capital de Israel fue el primer epicentro del conflicto, por lo cual la denominación de las operaciones se relaciona a la misma.


Shavuot es la celebración de la entrega de la Tora. Los sabios del Talmud establecieron conductas que deben adoptarse para promover “los caminos de la paz” (m.Shevi'it 5: 9; m.Gittin 5: 8; etc.). Concluyeron que la Tora fue entregada al pueblo de Israel para que pudieran enseñar a otros las sendas que conducen a la paz (b. Guittin 59b). La culminación de la famosa bendición sacerdotal es la paz (Números 6:26), la última de las bendiciones de la Amida, oración central de las plegarias judías que se recita todos los días, es la que refiere a ella.


El estado de Israel, desde su fundación, siempre tuvo como preciado anhelo concertar un tratado de paz estable y definitivo con todos sus vecinos. Decretó para todos sus habitantes, sin distinción alguna, iguales derechos y obligaciones, constituyendo un estado en el cual impera una democracia plena, como puede leerse en la declaración de la independencia.

Lamentablemente no todos los esfuerzos por alcanzar la paz dieron sus frutos hasta el presente. Hay quienes pretenden extender por siempre una realidad de odio soslayando toda posibilidad de un acuerdo. Son los que quisieron extender una espada de destrucción sobre Jerusalem, pero aquellos que supieron defender sus murallas antaño, lo siguen haciendo en el presente.


Zacarías (8: 3-5) avizoró un tiempo en el cual ancianos y ancianas, sosteniendo bastones debido a su avanzada edad, se sentarán en las calles de Sion, la ciudad fiel, mientras las mismas se hallarán colmadas con niños y niñas jugando. Y el profeta Joel (4:20) afirmó: Judea por siempre permanecerá y Jerusalem de generación en generación. Estas visiones nos acompañaron como pueblo por miles de años, y en nuestros días tomaron cuerpo y realidad.


La Tora nos fue entregada por Dios en Sinaí, pero de acuerdo a Isaías (2: 2-4) su último destino es Jerusalem, allí brillará eternamente con su mensaje, porque se habrá alcanzado una realidad de paz para toda la humanidad.


Este sueño lleva el pueblo judío en su seno con la firme esperanza que también prontamente se haga realidad.


¡Jag Sameaj!