• Rabino Skorka

Simjat Tora - La festividad del texto de la identidad judía



En el capítulo 26 del Levítico (26:44), después de describir las penurias que sufriría el pueblo en el caso de cumplir con los preceptos que Dios les transmitió, el texto dice que aún hallándose en la diáspora Dios no los aborrecerá ni los detestará como para eliminarlos rompiendo Su pacto con ellos. En el Midrash sobre Levítico (Sifra) los sabios explican el versículo (Bejukotai, parasha Bet, capítulo 8) formulando la pregunta: ¿qué les quedó a los judíos de todos los bellos regalos que recibieron de Dios, como para que Dios no los deteste ni los aborrezca? Y la respuesta es: Sólo la Tora.


El Templo de Jerusalem fue destruido, la tierra de Israel permaneció por dos mil años en manos de diferentes imperios, los judíos se esparcieron por todo el mundo. Sólo la Tora quedó en sus manos y fue el estudio de su texto lo que mantuvo la identidad del pueblo y con ello su pacto con Dios.


El Talmud (Berajot 61 b, Sanhedrin 14 a; etc) nos relata en múltiples oportunidades cómo los sabios de Israel arriesgaron sus vidas enseñando la Tora, desafiando al decreto romano que prohibía tal acción. Es que los opresores sabían que la identidad del pueblo, la inspiración de su ansia de libertad que lo hizo rebelarse contra el imperio en múltiples oportunidades, se hallaba en la Tora.


Uno de los casos más conocidos entre aquellos que dieron sus vidas por la enseñanza de la Tora es el de Rabi Janina ben Teradion (Avoda Zara 18 a), quien fue condenado por los romanos a morir incinerado sobre una pira mientras su cuerpo fue rodeado con el rollo de la Tora de la cual enseñaba en público. Mientras se consumía por el fuego sus alumnos le preguntaron: ¿Maestro qué ve? Les respondió: Rollos que se queman y letras que salen volando.


En muchos momentos de la historia judía sus textos sagrados fueron destruidos, como la quema del Talmud en Paris en 1244, en el en 1553 en el Campo dei Fiori de Roma, al igual que en otros lugares en otros tiempos. Pero las letras no pudieron ser quemadas, llegaron al presente, volvieron a plasmarse en papel y pergamino. Por ello es que el día en que se termina el ciclo anual de lectura de la Tora es de tanta alegría y regocijo, porque la fe pudo más que el fuego destructivo.


¡Jag Sameaj!



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