• Rabino Skorka

Tazria - La impureza del ser



Esta parashah, al igual que la siguiente, define las situaciones y manifestaciones corporales que impurifican a la persona. Es sumamente complejo hallar el denominador común entre todos los casos descriptos. La mujer que ha dado a luz, o durante su período menstrual, o todo flujo sanguinolento que se desprendiese de su matriz reiteradamente, la impurifican. Todo flujo seminal que se desprende del hombre, lo impurifican. Tanto el hombre como la mujer que sufren de ciertas enfermedades epidérmicas, también se consideran impuras. En todos los casos, mediante un ritual dirigido por un sacerdote, vuelven a adquirir el estado de pureza.


De acuerdo a un comentario en el Talmud (Yoma 67,b), estas normas son Jukot, decretos divinos absolutamente incomprensibles para el hombre, que al igual que algunos otros sirven al Satan para confundir al pueblo judío.


Los sabios desde antaño trataron, sin embargo de hallar una explicación racional a estas normas. Desde los tiempos talmúdicos se atribuía las enfermedades epidérmicas a conductas incorrectas. Rabi Shmuel Ben Najmani (Arajin 16,a) explica que por siete transgresiones aparece la tzaraat, la lepra, en el hombre, una de ellas es la difamación. El que la sufre se denomina metzora, vocablo que es interpretado en forma de acróstico de sus letras como: Motzi Shem Ra, el que calumnia.


Más allá de las múltiples explicaciones, subyace en estos capítulos la visión bíblica del ser humano como unidad psicofísica. Los desórdenes psíquicos alteran la salud física y viceversa, hecho que la ciencia moderna comprueba y afirma con más pruebas día a día.


¡Shabat Shalom!


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