• Rabino Skorka

Vaetjanan - La fe de Israel

Actualizado: 21 de ago de 2019



Esta parasha posee dos elementos que hacen a la definición del credo de Israel: los diez mandamientos y el primer párrafo de Keriat Shema, la oración que debe recitarse al inicio y al final de cada día. El primer versículo del mismo comienza con la frase que refiere a la unicidad de Dios (6:4): Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno (o “único”).


¿Cómo debe interpretarse el vocablo “uno” en dicho versículo? Rashbam e Ibn Ezra entienden qué más que un concepto numeral el vocablo refiere que sólo a Él se debe honrar. Es posible, de acuerdo a la Tora, ser monoteísta y seguir siendo pagano, como aclara Israel Efros (HaFilosofia HaYehudit HaAtika, págs. 9-10). La enfatización bíblica no se halla sólo en la creencia en un dios, sino en un Dios único y especial. “No te prosternarás ante un Dios extraño” (Éxodo 34:14) dice el versículo, “extraño”, aunque fuese uno. El Dios que se reveló al pueblo de Israel en el monte Sinaí es eterno y absolutamente espiritual, creador de todo lo existente a partir de la nada, presente con misericordia y piedad en la vida de cada indivuo.


El versículo que sigue al que proclama la peculiar unicidad de Dios revela la forma de relacionarse con Él: “ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y todas tus fuerzas”. El verbo amar es usado frecuentemente en la Biblia para describir la relación entre el hombre y Dios, o entre el pueblo y Dios. Los profetas comparan este sentimiento al de una pareja profundamente enamorada (Jeremías 2:2; 31:2; Oseas 1; 2) Es por ello que fue incluido el Cantar de los Cantares al canon bíblico, pues, al decir del Rabí Akiva, representa el amor entre Dios y el pueblo de Israel (Yadaim 3:5; Tanjuma, Tetzave, 1), como lo explica y enfatiza Maimónides en Yad, Hiljot Teshuva capítulo 10.


Es sólo después de haber enunciado los diez mandamientos que el pueblo había recibido en el monte Sinaí (capítulo 5), y después de haberles advertido acerca del cumplimiento de los preceptos (capítulo 4), que Moisés refiere al amor divino. Es que al igual que en todas las manifestaciones de amor en las relaciones humanas, al no haber rectitud, justicia y misericordia, el amor es reducido a un mero instinto, que no dignifica a la condición humana ni le permite al ser humano acercarse en plenitud a su Creador.


¡Shabat Shalom!



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