• Rabino Skorka

Vaieji - Jacobo, el hombre que trascendió la muerte



Uno de los versículos más significativos de esta parashah es el que refiere a la descripción de la muerte de Jacobo (49:33), pues se nos dice en él que “desfalleció y fue reunido con su gente”. No se explicita que murió. Si bien se describe posteriormente que fue embalsamado (50:2-3) y enterrado en la parcela de tierra donde se hallan enterrados Abraham, Isaac, Sara, Rebeca y Lea (50:13), y se nos describe: “y vieron los hermanos de José que su padre había muerto” (50:15), pese a todo ello, la ausencia del verbo “morir” en el versículo sigue llamando la atención.


El Rabi Iojanan, figura preponderante en el Talmud de Jerusalem, que vivió en Israel en el siglo III EC, enseñó (Taanit 5,b): Jacobo nuestro padre no murió. A lo cual el Rabi Najman le inquirió: ¿Acaso por nada fueron dichos los panegíricos por los oradores, embalsamado por los embalsamadores y enterrado por los enterradores? El Rabi Iojanan le contestó: Yo interpreto el versículo que dice (Jeremías 30:10) “Pero tú no temas, siervo mío Jacob, dice el Señor, ni desmayes, Israel. Porque he aquí, Yo soy el que te salva desde lejos; y a tu simiente de la tierra de su cautividad”. Este versículo asemeja a Jacobo a su simiente. Tal como su simiente se halla viva al ser redimida, del mismo modo Jacobo”.


En Jacobo se concentró el mensaje de Abraham y de Isaac, de sus hijos se formó el pueblo de Israel, en quienes se resguardaría desde entonces la fe labrada por los patriarcas. Es el pueblo que fue vapuleado por babilonios, romanos, cruzados, hasta el terror nazista, y aún sigue vivo. Es el pueblo que no murió, en quien se cumple la visión de Ezequiel (37:26): Haré con ellos un pacto de paz; un pacto eterno será con ellos. Los multiplicaré y pondré mi santuario entre ellos por la eternidad.


Shabbat Shalom!

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