• Rabino Skorka

Vayikra –El sentido del sacrificio



Con esta parashah comienza la lectura y análisis del tercer libro del Pentateuco, el que en el Talmud (Mishnah Meguilah 3:5) se denomina Torat Kohanim, el Tratado de los Sacerdotes, y cuyo nombre fue traducido al griego y al latín como: el texto de los Levitas, Levítico. Los sacerdotes son descendientes de Aarón, hermano de Moisés, eran de la tribu de Levi y en la literatura talmúdica y textos grecolatinos de la época ambos términos, kohanim y leviim, eran usados indistintamente.


Gran parte de este libro contiene las normas que refieren a los sacrificios que debían ofrendarse a Dios. Sacrificio en hebreo es Korban, cuya raíz es KRB, la misma que la del verbo acercase. Para presentarse ante Dios, entendió el hombre desde el principio de su historia, se le debe entregar alguna ofrenda del fruto de su labor, tal como lo hicieron Caín y Abel (Génesis 4:3-4), Noé, al salir del arca que lo rescató del diluvio (Génesis 8:20-21) y Abraham al asentarse en Canaán (Génesis 12:7).


Al decir de Maimónides (Guía de los Perplejos III, cap. 32), los sacrificios eran la forma en que los hombres del pasado entendían que debían acercarse a Dios, las leyes de la Torah sólo vienen a limitarlos exclusivamente al Dios que se ha revelado en Sinaí, y a erradicar ciertas prácticas abyectas que eran comunes entre muchos pueblos, como los sacrificios humanos (Levítico 18:21).


Tanto en los libros de los profetas, así como en el Talmud, cabe hallar muchos pasajes en los que se enfatiza que el culto es meramente un medio al cual el hombre debe darle sentido actuando con rectitud, justicia y misericordia. Como lo manifestó elocuentemente Miqueas (6:6-8) diciendo:


¿Con qué me presentaré ante el Señor, y adoraré al Dios de las alturas? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?

¿Será Dios complacido mediante millares de carneros, o con miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito para expiar mi trasgresión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?

Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno, y ¿qué demanda Dios de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y andar humildemente con tu Dios.


Todo culto que pretende ayudar al individuo a acercarse a su Creador es carente de todo sentido mientras estas tres condiciones no sean parte esencial de la existencia.


¡Shabat Shalom!


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